Bajar la cabeza por un pedazo de pan, no es símbolo de humildad.

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Acaba de pasar unos de los peores años que ha tenido la sociedad y la desaparecida democracia venezolana, pero nada me aterra más y, a la vez me da mucha tristeza escuchar dentro de los ciudadanos de a pie decir, gracias a Dios por tal u otra cosa, cuando esas gracias son un autoengaño.

¡Gracias… De qué? De llegar a la casa sin un tiro o llegar vivo, gracias por tener salud cuando es parte de nuestra naturaleza conservarnos sanos, gracias a Dios por sobrevivir en este desastre de sistema socialista. ¿Gracias de qué, acaso nos convertimos en pedigüeños y nuestra dignidad se fue por el retrete?

Dar gracias a un sistema como el socialismo es igual cuando la señora de casa le agradece al marido por hacer mercado, educar a sus hijos, vestirlos y ver por ellos, cuando eso es parte de su responsabilidad y del compromiso adquirido como padre y cabeza de familia. Las gracias se darían cuando el padre después de cumplir con sus obligaciones sorprende a la esposa y a sus hijos con unas buenas vacaciones, unos zapatos fuera de los obligatorios o una muda de ropa que está de moda, sin ellos necesitarla.

Es por eso que digo gracias de qué, no podemos vivir con el consuelo del pobre, ese consuelo que se escucha lleno de sumisión y pesar “Gracias a Dios tenemos salud” una salud que enferma emocionalmente al ver que nuestras necesidades básicas no están cubiertas.

Me niego a dar las gracias a un sistema que sólo le ha traído a la sociedad venezolana dolor y desesperación, no, la idea no es sobrevivir y estar dando gracias porque su hijo está vivo o aun no se ha marchado al extranjero o peor aun, porque en la mesa hay un pedazo de pan.

¡Gracias… De qué? Por vivir con una libertad condicionada por un sistema miserable, por tener una economía controlada y ficticia, donde la calidad de vida llego a números negativos y el ciudadano se suicida por hambre.

Si por vivir así hay que dar las gracias, no me queda más que decirles bienvenidos al comunismo del siglo XXI, donde una bolsa de comida y un carnet será su garantía de vida.

El sabio y filósofo Sócrates quien fue condenado a muerte a beber cicuta, por no bajar la cabeza, no reconocer a los dioses atenieses y corromper a la juventud por el sólo hecho de enseñarles a pensar libremente. Nos deja esta frase por la cual no hay porque dar las gracias.

“El orgullo engendra al tirano. El orgullo, cuando inútilmente ha llegado a acumular imprudencias y excesos, remontándose en el más alto pináculo, se precipita en un abismo de males, del que no hay posibilidad de salir.”

El hombre nació para ser libre y vivir dignamente, siendo capaz de producir, ganar su propio pan, sin tener que dar gracias por él. Los socialistas acostumbran al ciudadano en ser agradecidos por las migajas que ellos le dan a cambio de los impuestos que les roban.

Seguir dando gracias a quienes se deben al soberano y que es deber de ellos responder por el trabajo encomendado es cosa de tontos.

Dar gracias… ¡No, gracias! Yo, paso y gano.

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Solo intenta ser feliz,porque la vida es dura y poco dura -Poeta y Escritor-Defensor de la Isonomia - Nací para morir libre y vivire para luchar por lograrlo.

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